Fernando Garavito
Escribo un sueño. Hoy es sábado o un día cualquiera a las dos de la tarde o a las cinco de la mañana. Estamos aquí o no estamos y hablamos de nuestros sucesos de todos los días, o callamos, o reímos con la risa rota que se acostumbra para no llorar, o bailamos tregua, como cronopios, o bailamos catala. La muerte se mira en el espejo de la vida y sonríe con todas sus muelas ante nuestros afanes, nuestras dudas, nuestras argucias, nuestras hipocresías. Hay un libro abierto en cualquier página. Alguien se asoma y lee, sin voz, una historia escrita en puntos suspensivos. Sin saber cómo entiendo que hemos llegado al texto absoluto, aquel que no tiene comienzo y que jamás termina. Aquí está escrita la palabra verdad. Está escrita la palabra amor. Y la palabra ser. Y la solitaria palabra soledad.
